Patas que xuntan: Sarela, un sueño hecho realidad

Patas que xuntan: Sarela, un sueño hecho realidad

Este año desde la Fundación ADCOR hemos participado en el curso Pilotaxe Maneiras de Vivir, impulsado por FADEMGA Plena Inclusión Galicia. Una experiencia que nos invitó a reflexionar sobre qué significa realmente un hogar y cómo hacerlo más nuestro.

El punto de partida fue algo tan sencillo como profundo: preguntarnos qué es para nosotros un hogar. Puede parecer una pregunta simple, pero nunca nos la habíamos hecho de verdad. Esta reflexión compartida dio lugar a una definición construida entre todas las personas del grupo de trabajo:

Un hogar es un lugar tuyo donde eres tú, que te proporciona seguridad y confort, que compartes con las personas que quieres y de confianza. Es un espacio donde puedes tener intimidad, hacer las cosas que te gustan, decidir sobre lo que quieres y a quién invitas. En definitiva, es el sitio al que deseas regresar cuando estás fuera. Me gusta su olor, las plantas, las flores, los muebles, las fotografías y, en general, los enseres que me acompañan a lo largo de la vida y que me reconforta volver a encontrar. En un hogar debes disfrutar de la buena compañía de las personas, de las mascotas y poder mostrar sentimientos.” Grupo de trabajo de ADCOR.

Con esta idea tan clara, quisimos que tanto el Piso Tutelado como el Centro Residencial fueran un reflejo real de esta definición. Así nació nuestro proyecto: “Patas que xuntan”.

El sueño era concreto: adoptar un perro que pasara a formar parte de nuestra familia, compartiendo la vida, las experiencias y también las responsabilidades de su cuidado. Y el sueño se cumplió: hemos adoptado a Sarela.

Su llegada ha llenado nuestros hogares de cariño, compañía y nuevas emociones. Así lo cuentan las personas usuarias:

  • Con la llegada de nuestra perra Sarela hay más armonía en la convivencia” (Laura).
  • “Me encanta pasear con Sarela y lo cariñosa que es” (Aitor).
  • “Queríamos tener una perra y se ha cumplido mi sueño, soy muy feliz con Sarela” (Andrés).
  • “Sarela es muy buena, me gusta verla en el piso” (Juan).
  • “Nuestra perra Sarela es un ser vivo entrañable, me ha aportado buenos sentimientos y sé que cuando tenga un mal día me va a ayudar” (Elena).
  • Sarela es hogar, es casa! Nos aporta nuevas vías de comunicación y expresión” (Sara Arango, Técnica de Atención Directa).

La llegada de Sarela: un hogar más vivo

La incorporación de nuestra mascota Sarela al Centro Residencial y al Piso Tutelado de la Fundación ADCOR tiene un objetivo muy especial: que se adapte plenamente a nuestros hogares y sea la perra más feliz del mundo. Su presencia nos llena de satisfacción, no solo por el cariño que recibimos, sino también por el compromiso y la dedicación que ponemos en su cuidado. Gracias a ella, hemos fortalecido nuestros lazos emocionales y mejorado el bienestar de todas las personas que convivimos en estos espacios.

Los primeros pasos del proyecto Patas que Xuntan

Para iniciar el proyecto organizamos una reunión conjunta entre los dos servicios residenciales. Allí hablamos sobre la responsabilidad que implica tener un perro y escuchamos la experiencia de personas que ya convivían con uno. Después, planificamos cómo repartir los cuidados, horarios, y espacios compartidos.

  • De lunes a jueves, Sarela vive en el Piso Tutelado desde las 17:00 hasta las 9:00 del día siguiente.
  • Cada mañana, una persona usuaria la acompaña en un paseo hasta el Centro Residencial, donde pasa la jornada.
  • Los fines de semana y periodos vacacionales, convive en el Centro Residencial.

Todas las personas residentes firmaron un compromiso de cuidados, asegurando que Sarela recibiera la atención y el cariño que merece.

La búsqueda y el acompañamiento profesional

El siguiente paso fue contactar con protectoras de la zona. También contamos con el apoyo de Canquerer, especialistas en intervenciones asistidas con perros, que nos visitaron en la Fundación ADCOR. Nos ofrecieron formación y orientación sobre las características que debía tener nuestra futura compañera.

Tras dos meses de visitas y conversaciones con diferentes protectoras, conocimos a Sarela. Iniciamos el proceso de adopción y, después de un mes de convivencia, ya es una más en la familia. Su llegada ha hecho que nuestros hogares se sientan más cálidos y unidos.

Un hogar que se abre a la comunidad

Además de reforzar la convivencia interna, Sarela nos ha acercado más a la comunidad. En los paseos conocemos a otras personas con perros, compartimos experiencias y generamos nuevas conexiones.

Hoy, Sarela no solo es nuestra mascota: es parte de nuestro hogar y un símbolo de cómo la vida compartida se enriquece con afecto, responsabilidad y compañía.

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